Mis relaciones afectivas siempre fueron iguales: complicadas, obsesivas y sobre todo vuelteras. A los doce años ya estaba sufriendo mi primer amor no correspondido, problemas con mis padres y disturbios en mi socialización con los demás. Como dije antes, nunca fui buena para hablar, las palabras no son mi fuerte. Yo escribo, eso es lo que sé hacer. Hablar me cuesta, nunca supe que decir. Mis comentarios se volvían sobradores y mis acotaciones eran firmes candidatas a dar por terminadas las conversaciones con los demás. Nunca fui capaz de contarle mis problemas a nadie por el terror que le tengo a la decepción, al abandono y a la soledad. Siempre me sentí (fui) desplazada e ignorada por los demás, al punto de pasar por al lado de alguien y que ni se percate de mi existencia. Desde chica me siento así..

No hay comentarios: